El índice de mortalidad tras un infarto disminuye un 30% en pacientes que tienen perros como mascotas

 

El índice de mortalidad tras un infarto disminuye un 30% en pacientes que tienen perros como mascotas

 Expertos de la Universidad de Sevilla (US) afirman que está comprobado que después de cinco años de haber sufrido un infarto, el índice de mortalidad en pacientes que tienen un perro como mascota en casa es del 17 por ciento, mientras que en aquellos que carecen de esta compañía la cifra asciende hasta el 43 por ciento.

La explicación a ésta y otras teorías las trasladarán, a partir del próximo viernes 20 de enero, a los alumnos que cursen la tercera edición Master Universitario en Aplicaciones del Perro a la Terapéutica Humana en la Universidad de Sevilla, el primer y único título de estas características disponible en España, según informa la propia institución académica en un comunicado.

El catedrático de Psiquiatría en la US y uno de los directores del Máster, Alfonso Blanco Picabia, asegura que “el perro hace bien por su simple presencia como mascota ya que aporta beneficios para la salud física y mental de las personas”. Así, desde que comenzó esta andadura, sabía que el reconocimiento de la Terapia Asistida por Perros (TAP) como alternativa terapéutica científicamente válida y confiable implicaba diversos retos, tanto a nivel investigador, metodológico como formativo.

No sólo se trata de personas con problemas cardíacos, sino que además, informa Blanco Picabia, los caninos entrenados en esta terapia “son capaces de detectar un ataque epiléptico o una bajada de azúcar con antelación simplemente a través del olfato”. Niños con problemas de atención o inteligencia, autismo, hiperquinesia, casos de hiperactividad, problemas de movilidad o de memoria, ancianos con problemas físicos, mentales o enfermedades crónicas y enfermos mentales se benefician también de la TAP.

TAMBIÉN EN VIOLENCIA DE GÉNERO

El también director del Máster y del grupo de investigación Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad de Sevilla, el profesor Luis Rodríguez Franco, señala las múltiples ventajas que tiene el trabajar con estos animales también desde el punto de vista de la violencia en parejas.

“La víctima de un maltrato se siente sola, el perro le da compañía; se aísla, el perro le facilita salir a la calle y además lo hace con seguridad; la persona que sufre violencia en la pareja tiene miedo, el perro la tranquiliza, intermedia, puede defenderla y la protege del agresor porque lo detecta por el olor antes incluso de que la victima pueda verlo”, defiende.

Rodríguez Franco destaca que el Máster en Aplicaciones del Perro a la Terapéutica Humana de la US, único a nivel nacional con estas características y que aborda este tema desde un punto de vista científico, serio y riguroso, posee además un valor añadido, ya que los animales con los que trabajan los alumnos provienen de distintos refugios y perreras de la provincia de Sevilla. “Todos son perros abandonados que carecen de amaestramiento pero que en el primer curso se les enseña, y si hay alguno que destaque y que se haya adaptado lo suficiente, pasa a trabajar directamente en los centros con los pacientes”, explica.

El Máster se compone de dos cursos de experto, cada uno de los cuales busca completar una serie de objetivos que doten al alumnado de los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para afrontar el diseño, implementación y evaluación de intervenciones en las que el perro aparece como herramienta terapéutica.

Estos cursos están dirigidos a profesionales universitarios de la Psicología, Medicina, Educación, Trabajo Social, Fisioterapeutas o Veterinaria, principalmente, que deseen ganar los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para afrontar el reto de la introducción del perro en los contextos terapéuticos. En este sentido, han cursado ya estos estudios alumnos procedentes de Portugal, Italia, Valencia, Madrid, Vitoria, Barcelona, Alicante y Sevilla, con prácticamente un cien por cien de incorporación en el mercado laboral.

En la capital hispalense estos expertos trabajan con las fundaciones Gerón y Samu, el Centro de Educación Especial San Pelayo y con las personas mayores del geriátrico Ruser.

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